Por: Jorge Álvarez / Fotos: Luis Álvarez.

Luis Álvarez: espíritu inquebrantable

"El Ironman es la prueba más exigente del triatlón, consiste en 3.86 kms de nado, 180.25 kms en bici y 42.2 kms de carrera".

Nuestro compatriota es un orgullo nacional pues es el único ser humano que ha realizado todas las competencias de Ironman alrededor del mundo y por si fuera poco, es un montañista apasionado y un empresario exitoso. Luis regresó hace poco de conquistar uno de los retos más difíciles de su vida: la cima del Everest, que por poco y le cuesta la vida.

Hasta el momento, Luis Edgardo Álvarez González de 53 años, mejor conocido como Luis “El Iron” Álvarez ha realizado 132 competencias de Ironman. Si sumamos la cantidad de kilómetros recorridos en las competencias y escalados tan solo en las siete cumbres más altas del mundo, los resultados son asombrosos:

La página oficial de Ironman lo considera una auténtica leyenda dentro del triatlón y también aplicó para ser reconocido por los Guinness World Records como la primera persona en haber realizado todas las competencias en el mundo.

Salir de la zona de confort

Aunque en la actualidad el atleta ha superado retos inimaginables, hubo un tiempo en el que el deporte no ocupaba un sitio privilegiado en su vida. “Empecé a fumar desde los doce años y a los 24 años pesaba más de 94 kilos y no había hecho absolutamente nada de ejercicio”. En una prueba universitaria, él fue el único de entre 36 alumnos, que no pudo completar una caminata de 5 km. “A la mitad me retiré porque me dolía todo, entonces me dije: esto no es para mí. Ese fue mi primer fracaso”.

Sin embargo, gracias a ese incidente, nuestro entrevistado se empeñó en superar ese reto y poco a poco fue participando en carreras más largas. “Fui mejorando mis tiempos y cuando vivía en Monterrey, me aventé todas las carreras de 10 kilómetros que se hicieron en un año. Pertenezco a un grupo de corredores llamado ‘Correcaminos de Monterrey’ y ahí me empezó a entrar el gusto por el deporte. Yo no entré a competir por bajar de peso, sino por conocer a gente muy interesante”.

Posteriormente hizo su primer maratón y le gustó tanto, que incluso fue reconocido por ser el mexicano con mayor número de participaciones. En ese ámbito fue que escuchó por primera vez acerca de los triatlones. “En mi primer triatlón quedé en 4to lugar y dije ‘de aquí soy’. En 1991 hice mi primer Ironman y le gané a mucha gente que me ganaba en distancias cortas. Desde entonces todos los años he realizado al menos uno y en mi mejor año hice 14, llevo 30 años en el triatlón y 25 en el Ironman, definitivamente nadar es lo más sencillo, es una pequeña parte de la competencia y realmente los tiempos que más varían son los de la bicicleta y la carrera”.

Actualmente y gracias a su extraordinaria condición física, Luis ya no entrena de manera extenuante, dedica más tiempo a descansar entre competencias o ascensos a la montaña.

“No existe lo imposible, existe lo impensable”

Jeff Jonas, de Estados Unidos, comparte con Luis una gran satisfacción; haber realizado todas las competencias de Ironman en el mundo y sobre todo, haber conseguido completar dos de ellas - Mallorca y Chattanooga-, en dos días consecutivos, en dos continentes distintos, logro que bautizaron como “el 2-2-2”.

Esta coyuntura se dio de manera espontánea cuando ‘The World Triathlon Corporation’ anunció una nueva competencia en Mallorca, España, previa a la de Chattanooga, durante la madrugada, Jeff mensajeó a Luis desde Singapur diciendo “sé cómo hacerlo” y fue así como el 27 de septiembre del 2014, en la isla de Mallorca, Luis y Jeff iniciaron la prueba en el Mediterráneo y al finalizar, tomaron avión, acompañados por Dave Orlowski –creador del Ironman-, para competir en Tennessee el día siguiente.

Camino a las alturas

Dentro del equipo de triatlón conoció a Guillermo Díaz triatleta y alpinista. “Con Guillermo subí el Popocatépetl, mi primera montaña, sufrí mucho para llegar a la cumbre, pero cuando llegué y vi todo el paisaje, agarré el gusto por el montañismo”.

A partir de ese momento, Luis comenzaría a entrenar, escalando el Pico de Orizaba, el Nevado de Toluca, el Iztaccíhuatl o el Ajusco y hace siete años decidió hacer el “Grand Slam” del montañismo, la primera que subió fue el Aconcagua y desde ese momento, escaló una cumbre por año hasta que solo le quedó el reto más grande: el Everest.

Rumbo a la cima del mundo

Luis sabía que necesitaba dos meses de su tiempo para poder lograr la cumbre más alta del mundo, sin embargo, su agenda laboral no le permitía tener ese tiempo para conseguirlo.

“En noviembre del 2015, comencé a platicar con mi amigo Jorge Salazar que fue el organizador de la expedición y me dijo que quería ir al Himalaya en mayo por la ruta norte. Me la pintó muy fácil y organicé todo para poder ir”.

Luis tuvo que llevarse su computadora y adquirió un modem y un teléfono satelital para mantenerse en contacto con su familia y su oficina. “Me entusiasmó la idea de ir con un grupo 100% mexicano y colocar nuestra bandera al llegar a la cumbre”.

“Una historia de solidaridad”

Aunque su hazaña fue increíble, por poco le cuesta la vida.

“Después de llegar a los 8,848 mts. -nivel máximo de la montaña-, y volver al campamento –C3-, me di cuenta de que había perdido la vista, entré a la tienda de campaña, me quité el tanque de oxígeno, me hinqué y me puse a rezar, tenía un dolor indescriptible, se me habían quemado parcialmente las retinas por quitarme los gogles –ya que se empañan demasiado- para poder ver, estuve 12 horas ahí, esperando que me regresara la vista para poder bajar, fue el sufrimiento más grande de mi vida”.

Sus amigos Jorge Salazar y Jorge Hermosillo iban a subir en ese momento la cumbre -sin sherpas y sin oxígeno- y al ver la situación en que se encontraba, decidieron ayudarlo a estabilizarse hasta que pudiera descender.

La doctora de la expedición, Paty Arizmendy, esposa de Jorge Hermosillo que se encontraba en el campamento base, recomendó que le inyectarán un potente analgésico. Sin embargo, el alpinista aun no podía ver.

Su sherpa Jimmu que no hablaba inglés ni español, lo ayudó a descender hasta el C2 guiándolo con gritos y jalando de la cuerda que los mantenía unidos durante más de siete horas. Al llegar, Luis tomó la decisión de continuar descendiendo porque era muy peligroso que se quedara ahí sin atención médica o ayuda. “Lo más difícil fue cruzar el C2, porque está lleno de piedras y yo estaba exhausto y ciego. Ya había caído en una grieta y me lastimé la rodilla. Decidí no avisarle a mi familia para no preocuparla hasta estar a salvo”.

Pablo Zelaya, otro de sus amigos, se ofreció a ir por él desde el campo base hasta el C1 aunque tenía que hacer 16 horas de recorrido.

Finalmente pudo bajar y en el campamento base, recuperó la vista y recibió la buena noticia de que el daño en sus ojos no había sido permanente.

Pero por cuestiones de trabajo, no podía quedarse a convalecer en Nepal, por lo que el regresó a  México se convirtió en otro reto. “Del campamento base fui a Lhasa, de ahí a Shigatse, luego a Katmandú; después a la India en avión. De la India a Holanda y finalmente a México”.

Al preguntarle si volvería a subir la cumbre, Luis respondió que no, porque la “montaña te cobra el ascenso muy caro” y él había sido afortunado porque regresó con vida

Inspiración familiar

Luis ha mencionado que su hijo José Manuel y su papá han sido su mayor inspiración. Con su papá que en ese momento tenía 79 años, recorrió el Camino de Santiago de Compostela -110 kilómetros-, “mi papá terminó el recorrido a pesar de que sufría de fibrilación auricular, tenía un marcapasos y padeció diabetes”.

En una difícil competencia de Ironman en Arizona, en la que Luis tuvo dos esguinces en los tobillos y se lastimó la planta del pie, terminó el maratón en ocho horas y cuarenta y cinco minutos cuando regularmente lo hacía en tres horas y media. Y gracias a esa experiencia, se animó a invitar a José Manuel -que tenía doce años- a participar en un medio maratón en Disneylandia. Posteriormente padre e hijo harían un maratón completo en Anaheim, California y cuando Luis hizo su Ironman número 100 en Kailua-Kona –Hawaí-, José Manuel realizó la competencia a su lado.

Luis es el director de una empresa líder en la fabricación de tanques de aluminio para combustible de vehículos comerciales, fue designado Consejero Delegado de Industria Nacional de Autopartes, INA y es Presidente del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología, A.C. COMCE, para Austria, Active Endeavour en Mentor -líder de empresarios de alto impacto del mundo-, Presidente del sector de autopartes de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación, Canacintra y Presidente de la Sociedad de Ingenieros Automotrices–SAE México. Vale la pena mencionar que una de las frases que adornan el escritorio del empresario y atleta es: “Si vienes a decir que no se puede, mejor ni te sientes”.

Para finalizar, Luis nos dijo que hará nueve competencias de Ironman antes de fin de año y seguirá escalando. “A mí el deporte me ha motivado a ser una mejor persona en todos los aspectos”.