Four gallons, please Sir

El jinete sin caballo

Fui a una gasolinera extranjera, tenía una combinación de colores distinta de los habituales. Había muchos autos formados; al principio me emocionó la idea de probar el rendimiento de una gasolina diferente a la de siempre o de un mejor precio, o mejor servicio, pero costaba lo mismo y me enteré que era la misma gasolina, con un aditivo para mejorar el rendimiento del motor. ¿Sería entonces el beneficio al fin adquirir litros de a litro? Sí, pero eso también ya sucede en muchas otras gasolineras, sólo hay que saber en cuál.
La nueva gasolinera es la primera extranjera en operar en el país. Propiedad de British Petroleum y está ubicada sobre Periférico a la altura de las Torres de Satélite. ¿Pero que la hace tan atractiva?, no son las chicas ofreciendo café en la fila de espera, ni la bonita combinación de verdes de su diseño, ni el aditivo que agregan a la gasolina –que por cierto se compra a Pemex–, tampoco es un proveedor nuevo en el país, (ya que llevan más de 50 años en el negocio de los lubricantes para motores), ni los compromisos de la marca con la comunidad, ni los programas de maestrías “Chevening” impulsado también por el Gobierno del Reino Unido o el programa de formación de profesores en idiomas a través de la fundación Anglo-Mexicana.
No son cuentas de colores a cambio de oro, no otra vez. Es la ventana abierta a la competitividad, al tan lejano, pero asequible, primer mundo. Es la oportunidad de hacer más dinámico nuestro mercado y dar paso a cambios más acelerados que provoquen mejoras inmediatas. Quizá lo mejor sería que estos cambios vinieran de inversiones nacionales, lo sé. Pero tuvimos nuestra oportunidad y no hicimos nada, aunque aún estamos a tiempo.

 

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