¡Maltratemos a la mujer!

El Jinete sin caballo

Maltratemos a las mujeres, son impuras e incitan al pecado. Hay que prohibirles el acceso a los templos, obligarlas a callar durante los juicios, poner en duda su honestidad, castigarlas por ser violadas.

Hay que darle derecho a los esposos de golpearlas con el simple pretexto de corregir a una mujer equivocada. Hay que aplicarles el rigor de la ley si van por la calle sin su marido, hermano o hijo varón. Hay que hacerlas víctimas de violencia en las guerras, asesinarlas, abusar de ellas en el transporte público, en las calles oscuras, drogarlas y explotarlas comerciando con sus cuerpos.

Hay que mantener relaciones con vírgenes, para curarse del SIDA. Hay que internarlas en un convento al servicio de dios. Hay que vendarles los pies para que no les crezcan demasiado y sigan siendo bellas. Hay que prohibirles ir a la escuela, educarlas para ser sumisas, hay que destruir su autoestima y pisotear sus derechos.

Hay que menospreciarlas en la oficina, acosarlas, hay que pagarles menos por sus jornadas laborales. Hay que prohibirles votar, hay que intercambiarlas por ganado o exhibir su cuerpo en un concurso de belleza.

Y todo esto es urgente, hermanos hombres… No sea que un día se den cuenta de que en ellas reside el poder mágico de dar vida, de que ellas son la fuente del amor que rige el mundo, no sea que se den cuenta de que todos los crímenes y abusos en su contra son por mantener el poder religioso y por ende, económico del mundo en nuestras manos.

No sea que se den cuenta y nos den un golpe de estado, o una huelga de piernas cerradas.

No sea que se den cuenta que todos somos iguales, pero sin ellas, nada, absolutamente nada, podría suceder.

 

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