¿Quién dijo miedo?

El Jinete sin caballo

“…No nos dejes caer en la tentación de olvidar o vender este pasado o arrendar una sola hectárea de su olvido…” Mario Benedetti

El 15 de diciembre de 1911, apareció publicado en el Diario del Hogar una copia de la declaratoria del Plan de Ayala, enviada a todas las representaciones diplomáticas en el país y firmada por el general Emiliano Zapata, desconociendo a Madero como presidente de la república, afirmando que era “inepto para realizar las promesas de la revolución de que fue autor, por haber traicionado los principios con los cuales burló la voluntad del pueblo y pudo escalar el poder”, el plan fue proclamado con la intención de recuperar para la gente de a pie las tierras para que estos pudieran ser libres de explotarlas y producir en pro de su bienestar y de la sociedad en general.

La severidad con que se aplicaba la propuesta, incluía amenazas a los opositores, advirtiéndoles que, de no colaborar con las disposiciones del plan, se expropiarían dos terceras partes de sus bienes y se utilizarían como apoyo a víctimas de la batalla.
Las buenas intenciones del plan se vieron opacadas por las constantes traiciones que sufrió, empezando por Pascual Orozco y Victoriano Huerta (este último había peleado contra el mismo Orozco, quien termino por unirse a Huerta luego de que traicionara y asesinara a Madero)
El Plan de Ayala colocó la problemática agraria en el centro del debate, construyendo el nuevo escenario político y social sobre el que se iniciaría el siglo XX.
Al concluir la redacción del plan, el general Zapata se dirigió a los presentes solicitando que firmaran el documento todos aquellos que NO tuvieran miedo. ¿Habría hoy alguien que firmara un Plan de Ayala sin temor a morir por nuestra patria?
Yo creo que no.

 

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