Sobre ser mujer

Ser mujer en México no es sencillo –supongo que tampoco lo es en toda Latinoamérica– y lo sé, porque crecí rodeado de ellas. No solo estoy hablando de las complicaciones relacionadas a su fisiología y propia naturaleza, sino a los peligros que las acechan de manera constante.

Acaba de pasar el Día Internacional de la Mujer y muchas de ellas manifestaron su desacuerdo –año con año sucede esto– con el manejo “comercial” y “sexista”, implícito en un sinfín de campañas publicitarias que fingen sumarse a una causa por demás gastada, sin la menor intención de secundar esfuerzos o ya de menos, de informar correctamente al gremio del estrógeno.

Efectivamente, el día de la mujer no fue creado para mandar flores, repartir abrazos y felicitar a cuanta fémina se nos atraviese en el camino sino para conmemorar e incluso honrar una lucha que dista muchísimo de una caja de chocolates y una cena pomposa, estamos hablando de una lucha de género, de un creciente puñado de mujeres que toma las calles a diario, que alza la voz en cada oportunidad y que arriesgan incluso la vida –y me consta–, por conseguir para todas, ese respeto que nunca –nosotros los hombres– les hemos otorgado.

No se trata de ponernos feminazis, tampoco de darles por su lado para que se estén tranquilas sino de admitir que este es un mundo creado por y para hombres y que nos guste o no, el proceso de inclusión para con ellas, ha sido demasiado lento, así es que querido leedor, la próxima vez que estés a punto de felicitar a tu pareja, a tu hija o a tu mamá, reflexiona sobre cuanto has aportado en pos de la igualdad de género y evalúa si amerita un obsequio o sumarse a cada uno de sus esfuerzos.

 

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