El duelo duele

Hace un mes falleció mi marido. Llevábamos casados 49 años y casi no puedo recordar cómo era vivir sin él. Duele mucho, la parte más difícil es aceptar el hecho de que nunca regresará y no importa cuánto llore o cuánto trate de negociar con la realidad. Mi único consuelo es que vive en mis recuerdos y mi amor por él permanecerá siempre. Nuestro matrimonio fue feliz, lleno de aventuras y retos, pleno de momentos mágicos. Tuvimos hijos ejemplares y ellos me han rodeado de cariño y apoyo que me ha permitido sobrevivir.

Hace unos días, di una plática breve en la inauguración de un modelo de las Naciones Unidas organizado para jóvenes, el director de la universidad, los invitó a ser responsables y honestos. Compartió sus vivencias y habló de la pérdida de su hijo de tres años. Sentí su dolor y tristeza y sentí vergüenza en llorar por mi marido que murió pocos días antes de cumplir 75 años.

Pero cada pérdida es única. Él lloraba por una vida truncada y yo por mi compañero de medio siglo -el duelo es válido para todos aquellos que hemos amado tanto-

Al abrazarlo al final del evento, sentí una empatía especial entre nosotros. Comprendíamos nuestro dolor.

Durante este mes he vivido los pasos del duelo: Negación de su muerte, Tristeza al sentir su ausencia, Miedo de un futuro sola, Negociación rogando su regreso, Enojo con los médicos por dejarlo morir y con él por abandonarme y sentimientos de culpabilidad.

No he podido aceptarlo, supongo que tardará más tiempo y que sentiré todo esto una y otra vez antes de llegar a la Aceptación.

Duele, pero es aguantable gracias al cariño y apoyo de nuestros hijos y amigos. No deseo este dolor a nadie pero tarde o temprano tendremos que sufrirlo y aceptarlo.

 

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