Heno, musgo y barro

Desde la galería

Cuando yo era chico, era muy común que, al visitar las casas de mis familiares, las tiendas, e incluso los edificios del gobierno durante éstas fechas, pusieran siempre un enorme nacimiento...

Cuando yo era chico, era muy común que, al visitar las casas de mis familiares, las tiendas, e incluso los edificios del gobierno durante éstas fechas, pusieran siempre un enorme nacimiento -tan grande como la sala, el aparador o el patio lo permitieran- representando la escena de la Natividad, con sus montes, casas, y hasta un laguito hecho con un espejo o papel de aluminio. Desgraciadamente, con el paso de los años, esta tradición se ha ido perdiendo debido a la globalización de la Navidad y a la falta de interés de las nuevas generaciones.
Sin embargo, el nacimiento mexicano es mucho más que otro ritual religioso, más que otro artículo comercial del mercantilismo decembrino.
Internacionalmente se conoce como ‘belenismo’ a la costumbre de representar de forma plástica el nacimiento de Jesucristo. La creación del nacimiento se le atribuye a San Francisco de Asís. Los franciscanos sentían una especial conexión con éste pasaje de la biblia, pues ejemplifica la forma en la que la humildad, el hambre y la pobreza son recompensadas por Dios, recordemos que ésta orden se manifestó en contra de la opulencia y la riqueza de la Iglesia.
Los españoles trajeron esta costumbre a México como un acto evangelizador, pero los nativos se sintieron tan identificados con las condiciones rurales que se describen en la escena que pronto se convirtió en una tradición que también reflejaba la vida y las costumbres de los indígenas en la Colonia.
Más allá de su significado religioso, el nacimiento es una exaltación de la cultura rural y el mundo pastoril, una manifestación del origen mestizo de la sociedad mexicana y una tradición que ya forma parte de nuestra propia cultura.
¡Felices fiestas!


 

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