La manzana

Es sencillo, abonas la tierra, seleccionas la semilla, la colocas a una profundidad adecuada y tratas de mantener húmeda la tierra.

Al decir húmeda, me refiero a que siempre debe estar fresca, y no hecha un lodazal como el que acostumbras hacer para tus pasteles.

─¿Y qué hay adentro de la semilla mamá?

Vida hija, vida.

─¿Cómo la tuya y la mía?

Regina salió de la cocina y fue siguiendo el caminito de huellas de vinil que conducía al laberinto de las resbaladillas. La verdad, a Regina no le agradaban mucho estos juegos, los conocía

perfectamente. Su mamá trabajaba en aquel lugar desde hace un año, y todos los días, a excepción de los martes, Regina tenía que llegar a ese restaurante y esperar a que acabará el turno de su madre. Por lo general, no se daba cuenta del regreso, se quedaba dormida en uno de los gabinetes, y lo más común era que su mamá la cargara.

─¿Mamá puedo plantar una semilla en esa macetota?

─No hija, no es de nosotras.

─¿De quién es?

─Del dueño de este restaurante.

─¿Y quién es ese dueño?

─Un señor muy importante.

─¿Y dónde está?

─En su oficina.

─¿Dónde está su oficina?

─¡Regina! regresa a los juegos, aquí es peligroso, y tengo muchas mesas que servir.

─Pero mamá...

─¡Regina!

─Está bien.

La niña regresó al patio sin la mínima intención de jugar, ya sabía por dónde se subía más rápido y reconocía perfectamente a los bravucones. Fue entonces que comenzó a acercarse al macetón de la esquina, y con un popote picó la tierra. Sintió entonces, la imperiosa necesidad de plantar algo, lo que fuera.

─Mamá ¿Me regalas una semilla?

─No puedo.

─¿Por qué?

─Porque ya las utilizaron.

─¿Para sembrarlas?

─No, para los platillos.

─¿Pues bien, dame una de esas?

─No puedo.

─¿Por qué?

─Porque son para los clientes.

─Pero seguro que no se darán cuenta si les falta una.

─Pero no sirven, ya se cocinaron.

─¿Entonces?

─Mira hija, para que una semilla germine y se convierta en una planta o un árbol sano, no tiene que sufrir ningún daño. Además, la tienes que cuidar mucho y proteger.

─¿Las manzanas tienen semillas mamá?

─Sí.

─¿Y la manzana que me pones para el recreo también?

─Sí hija. Anda, déjame servir aquellas mesas.

─¿Aunque estén de oferta mamá?

─Regina, todas las manzanas tienen semillas, estén de oferta o no.

En su recorrido por el caminito de huellas de vinil, Regina, tomó una cuchara y la metió en la bolsa de su uniforme.  Al llegar al macetón, la niña se dispuso a hacer un hoyo para colocar la manzana que ese día no se había comido. De pronto, recordó que su madre le había comentado; había que cuidarla mucho y protegerla. Tras pensarlo un poco, supo que no podía sólo enterrar la manzana, muchos niños pasaban por ahí, y seguro que más de uno se vería tentado a arrancarla en cuanto ésta comenzara a crecer. Así que trató de hacer más grande el hoyo.

─Regina, hago corte y nos vamos a casa.

La niña se apresuró, no podía dejarlo para otro día, seguro que se darían cuenta y tendría que empezar de nuevo. Tomó entonces su manzana, la metió en la lonchera y la mal enterró en la maceta. Regina se tumbó en el gabinete y fingió estar dormida. La mamá la tomó en brazos y se dirigió a la salida. La pequeña, abrió sus ojos para mirar su obra, poco a poco se fue quedando dormida, pensando que algún día crecería un manzano. Un árbol fuerte que diera manzanas, manzanas ya listas para el recreo. Manzanas en loncheras....

 
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