Una buena alimentación

Existen actualmente, un sinfín de temas relacionados con la buena nutrición y el máximo aprovechamiento de los nutrientes, durante siglos, la humanidad ha sobrevivido alimentándose con o sin conocimiento del tema; irónicamente lo que hace mucho tiempo era lo mejor y lo más nutritivo -como podría ser el caso de la leche de vaca- en nuestros tiempos resulta ser innecesario para los humanos e incluso, nocivo.

Hoy en día sabemos más de estos temas, pues el tren de vida actual y el desgaste de nuestros cuerpos debido al estrés, no es el mismo de antaño y necesitamos estar fuertes y sanos para resistir las jornadas.

La tecnología en alimentos nos ha brindado un apoyo en el ahorro de tiempo y trabajo pues es más sencillo utilizar un consomé de pollo en polvo, que prepararlo desde cero. El problema es que al utilizar todos estos productos de forma constante tendremos, a la larga, repercusiones en la salud, entre menos frescos sean los insumos que utilizamos en nuestra ingesta diaria y mayor la cantidad de productos industrializados quedaremos más expuestos a contraer enfermedades. Al consumir glutamato monosódico -producto empleado en cocina para potencializar los sabores-, aumenta la posibilidad de desarrollar cáncer; los colorantes artificiales, conforme la lengua y los labios, inhiben la actividad neuronal en el cerebro, dificultando el aprendizaje; las grasas transgénicas, provocan enfermedades cardiovasculares, etcétera.

Con esto no se pretende satanizar a los productos industrializados de consumo alimentario, sino aprender a utilizarlos para nuestra conveniencia de manera moderada y buscar sustituir de forma casera -con ingredientes de origen natural y frescos-, los purés y las bases para las recetas congelándolas y reservándolas para su uso.

Se puede colocar un sofrito de jitomate en recipientes para hacer hielo, congelarlos y guardarlos en bolsas plásticas que cierren herméticamente, anotar su fecha de elaboración en las mismas y conservar en congelación hasta su uso.

Es más sano consumir aceites de origen vegetal que las grasas animales; también conviene procurar que los aceites que utilizamos al cocinar no se sobrecalienten -mucho menos que ahúmen- vigilando que se traten de primeras extracciones en frío.

Para fijar el sabor de la comida es mejor emplear sal gruesa o en grano que la sal refinada.

El secreto para una buena alimentación es muy sencillo: aprovechar los productos a nuestro alcance y comer de manera diaria, alimentos que aún conserven ‘memoria’ de su origen.

Lic. Carmina Perez del Valle

Profesora de Gastronomía / Paseo Esmeralda

 
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