A mi compañero de vida

Diciembre es siempre un tiempo sensible. No sólo es tiempo de festejos, de reuniones, de reencuentros y alegrías. Existe también un lado que toca el corazón profundamente: las ausencias.

Perder a un ser querido es un golpe duro, perder a tu compañero, cómplice, amante, socio y mejor amigo va más allá de lo que pueda expresar. No es momento de pensar sino de sentir, los problemas y desacuerdos pesan mucho más que el amor y el deseo de permanecer juntos, las parejas se separan antes de llegar a compartir ese momento de mirar el camino recorrido y seguir aún tomados de la mano con más amor que nunca.

Yo soy la persona más afortunada del mundo, me siento feliz de haber podido vencer cualquier adversidad y haber seguido juntos y aún ahora que mi esposo inició un viaje por otro camino, aún siento que estamos uno al lado del otro.

Agradezco con alma y corazón la familia que formamos, tres maravillosos hijos, nuestros nietos, los sueños cumplidos, los descubrimientos que hicimos, lo que aprendimos el uno del otro y los momentos difíciles donde siempre nuestro amor triunfó.

Ojalá pudiera descubrir y compartir la fórmula para que las familias sigan siempre juntas pero no existe. Debemos trabajar diariamente en ser mejores personas, amar a los tuyos y comprometernos en todo momento con ese amor.

Mi familia es el tesoro más preciado y estamos más unidos que nunca con nuestros corazones plenos de alegría y tristeza al mismo tiempo. Recuerda siempre cuidar a tu familia. Escucha y comparte. Nunca faltan los pretextos para hacerlo: las fiestas de diciembre, los cumpleaños, los domingos familiares, cualquier cosa.

Los mejores presentes no vienen en ninguna caja. Yo gozo uno de mis regalos más grandes y es haber tenido un testigo de mi vida y haber sido su testigo también.