Siempre es tiempo de actuar

Ninguna época del año se presta más para hacer propósitos positivos que la temporada decembrina, al menos en la cultura occidental.

Ante el desencanto de la violencia contemporánea los seres humanos necesitamos esperanza de que todo puede ser mejor, de que algún día evolucionaremos y superaremos la faceta primitiva que nos persigue.

Somos diferentes a otras especies, entre otras cosas, porque tenemos la capacidad de elegir lo que hacemos ante las circunstancias que se presentan.

Con los recientes ataques a la ciudad de París, las reacciones han desatado polémica incluso dentro de la indignación misma. Algunos han mostrado un pretendido apoyo colocando en sus perfiles de redes sociales los colores de la bandera francesa. Otros han compartido artículos de opinión de guerras, ataques y terrorismo más allá del mundo con el que podemos identificarnos argumentando que el soporte debe ser para todos. Y por supuesto existen quienes piden mayor solidaridad ante los hechos en nuestro propio país.

Conmovernos emocionalmente ante cualquier tipo de violencia, es un primer paso hacia la acción que nos llevará a construir un mundo mejor, pero no debe quedarse ahí. Si queremos cambiar al mundo para mejorar, debemos identificar aquellas acciones que sí podemos llevar a cabo y que por muy ingenuas que parezcan, marcan un cambio.

Trata de que tú familia sea unida y solidaria. Empieza con la relación de pareja sin importar el status de la misma. Es decir que casados, separados o divorciados, no se agredan, y concilien sus diferencias. Este ejemplo es fundamental para los hijos quienes aprenderán que aún en la adversidad o la diferencia, la tolerancia es la mejor manera de salir adelante.

Haz pequeñas buenas acciones día a día sólo por la satisfacción de ver a alguien feliz y disfruta tú, de esos pequeños placeres de la vida cotidiana para contagiar bienestar. Desde una sonrisa, un saludo, ayudar a tu vecino, ceder el paso, ofrecer apoyo, dar tu tiempo a personas que lo necesitan. Todos esos pequeños detalles pueden ser factores que como un grano de arena, conformen juntos una hermosa playa en la vida misma.

Esto no es fácil. Estamos abrumados por el estrés de la vida cotidiana, las deudas, las prisas y hasta por problemas de salud. Desearíamos una vida ideal donde nuestro día a día fluyera en paz y armonía. Sin embargo, la realidad de las cosas es que la felicidad se trabaja, no se espera.

Puedes proponerte en estas festividades, hacer una buena acción cada día, la que sea. Si quieres inspirarte puedes ver Amélie (Le fabuleux destin d’Amélie Poulain, 2001) película francesa donde el personaje principal descubre la maravilla de las pequeñas cosas que podemos hacer para dar felicidad a otros y lo satisfactorio que es para nuestra persona.

Lo cierto es que cualquier época del año es buena para comenzar, pero si necesitas este simbolismo de renovación, Navidad y Año Nuevo son perfectos para concretar este cambio. Enseña a tus hijos que ser feliz se logra dando lo mejor de uno mismo.