Envejecer sabiamente

Recuerdo que en muchos cumpleaños las felicitaciones de parte de mis amigos venían acompañadas del clásico: ¡que vivas muchos más!


Esos buenos deseos se cumplieron y aunque ha sido una gran bendición, vivir muchos años tiene consecuencias que no imaginaba cuando era joven. Una de ellas es que muchas de nuestras habilidades disminuyen paulatinamente y tardamos en darnos cuenta.

Esto llega a ser peligroso porque insistimos en comportarnos como cuando fuimos jóvenes. Cualquier persona mayor de 40 años comienza a alejar de sus ojos el menú en un restaurant, el celular y demás lecturas cotidianas, aparecen los síntomas de la famosa ‘vista cansada’, calcular espacios y distancias ya no es tan fácil y por ello, ir manejando requiere de más calma y atención. Me doy cuenta con mis amigos y conocidos que el sentido del oído también va mermando ya que me preguntan más y más: ¿cómo dijiste?

Junto a este fenómeno viene la negación constante al mismo. Preferimos echarle la culpa al mundo entero antes de aceptar el hecho de nuestras fallas en la percepción a través de los sentidos, antes de reconocer que estamos envejeciendo.

No es agradable despertar cada mañana y sentir el cuerpo entumecido, no es chistoso traer anteojos colgados para leer cada cosa del día a día, resulta frustrante tener pequeños olvidos y tener que reflexionar hasta para recordar dónde dejamos las llaves o la cartera.

Esta negación conduce a la necedad de nuestra parte, porque nos aferramos a esa juventud perdida, a esas capacidades al 100%, no queremos que los demás descubran que ese rayoncito en el coche fue porque ‘estamos viejos’. Sin embargo, es importante tomar conciencia y tener una actitud responsable ya nos convertimos en un peligro para nosotros mismos y para los demás. No nos gusta la idea de perder libertad al necesitar más ayuda para nuestras actividades.

Se supone que al vivir más de 70 años ya debemos de ser maduros en reconocer nuestras limitaciones pero nos resistimos a hacerlo. Si bien es cierto nadie quiere morir, envejecer no se presenta como lo más deseable. Queremos juventud en nuestro cuerpo el mayor tiempo posible pero por más ejercicio o intervenciones estéticas o negaciones, el tiempo pasa y no podemos detenerlo.

Sé honesto y pregúntate, ¿cómo están tus habilidades?, ¿te cuesta trabajo levantarte?, ¿ya no ves bien?, ¿tienes pequeños olvidos?

Confieso que yo también debo hacerme este tipo de preguntas. Recuerdo cuando veía a mis abuelos como unos viejitos que necesitaban ayuda o que ‘chocheaban’ aferrándose a ideas que me parecían necias.

Ahora estoy en lo mismo y mejor debo tomarlo con sentido del humor y dignidad. Además hay algo maravilloso que he aprendido con los años y es que la sabiduría no llega de otra forma más que con la experiencia, tener más años y tener la fortuna de vivir con salud acorde a los mismos es unos de los privilegios más grandes.