Suicidio III

Debemos preguntarnos, como adultos, seamos padres, maestros o comunidad en general, si el entorno físico, educativo y formativo en el cual se desarrollan los jóvenes de nuestro país, es un entorno adecuado y sano, donde se fomente la asertividad y la inteligencia emocional; es claro que estamos educando y formando a una generación de cero tolerancia a la frustración, agresiva y poco proclive a la empatía y la solidaridad a la cual, se suman año con año un sinfín de expectativas y requerimientos de competencia salvaje, donde bien sabemos que los esfuerzos serán pocos, y muchas veces injustos.

Los chicos de hoy en día no la tienen nada sencilla, además; al habitar un mundo donde la prioridad material impera sobre cualquier ideología o espiritualidad, donde el contacto físico y emotivo se pospone y muchas veces se sustituye por la fría tecnología, que no acabamos de evaluar en su real valía; al habitar un mundo donde la inmediatez, aunada a la superficialidad, son las premisas que rigen desde sus dispositivos electrónicos, hasta las relaciones humanas que establecen, viviendo así, en la época del ‘úsese y deséchese. Los chicos de hoy en día no la tienen fácil tampoco, cuando son pensados por los que ostentan el poder económico, como un proyecto de mercado, que se puede manipular y explotar con demasiada facilidad.

Es pues, el suicidio infantil y juvenil, un tema con muchas aristas y que, repito: rebasa los conocimientos y expectativas de quien esto escribe, pero si algo resulta seguro, definitivamente es lo siguiente; en buena parte, entre todo lo planteado anteriormente, bien pueden encontrarse muchas de las causas e intrínsecas también, posibles soluciones.