Polvos mágicos

Santa Claus se enfundó el traje rojo con tal de que la Sra Claus y el duende sastre dejaran de molestarlo.

La prueba del traje da inicio a la temporada navideña en el polo norte, y determina la dieta de Santa durante los 30 días previos a la Navidad.

-20 centímetros de cintura ¡Imposible! Gritó Santa Claus.

-Te dije que esa dieta no te ayudaba en nada -gruñó la Sra Claus.

-Está bien, dijo Santa, ajusten el traje.

-Sabes que no podemos hacer eso -contestó el duende sastre.

-No voy a poder aumentar 5 tallas de cintura en treinta días !Tendría que subir como 20 kilos!, ¡La ropa se ajusta a la persona, no al revés!, -gritaba Santa Claus enfurruñado mientras se dirigía a la reunión de avance de cumplimiento de deseos.

Una vez ahí, el duende cartero dio datos alarmantes: el 75% de los niños piden smartphones, tabletas o video juegos, el 15% pide algún otro tipo de juguete electrónico, y solo el resto pide juguetes tradicionales como pelotas, legos y muñecas. El problema, explicó el duende, es que nuestros inventarios están al revés. Tenemos 85% de juguetes mecánicos, y 15 % de electrónicos.

Todos voltearon a ver a Santa, quien luego de pensarlo, dijo:

- No hay tiempo para fabricar lo que piden los niños, así que la solución es hacer que cambien de opinión y envíen una nueva carta pidiendo lo que tenemos.

La sorpresa de todos fue mayúscula. El duende fabricante se relajó, el financiero respiró, y el duende publicista, nervioso, explicaba que eso era imposible.

Santa Claus los mandó a pensar. Luego de dos días, nadie tenía ideas, y lo único bueno de la crisis era que Santa comía como desesperado y ganaba peso rápidamente.

La tarde siguiente, al ver el parque vacío, Santa salió corriendo en busca del Espíritu de Navidad para pedirle que esparciera, sobre todos los padres, polvos mágicos con deseos de jugar con sus hijos.

Entonces, madres y padres empezaron a pasar tiempo con sus niños, y estos, empezaron a necesitar pelotas y juegos de té en vez de ipads; pero como no tenían, quisieron cambiar sus cartas unos días antes de Navidad.

Los nuevos pedidos fueron recibidos con algarabía en el polo norte, y el duende cartero reportó que sus inventarios correspondían exactamente a los deseos de los niños.

Llegada la noche buena, Santa Claus sonrió al ver que el traje le quedaba bien, y estaba feliz de haber provocado que los niños y sus padres se acercaran y convivieran. Subió al trineo, prendió santamaps, pero tras reconsiderarlo, lo apagó; encendió el antiguo sistema de comunicación con su centro de control y dijo: muy bien duendes, guíenme!