Consecuencias inesperadas.

Justo ahora estamos decidiendo y haciendo cosas de las que estaremos orgullosos o nos arrepentiremos más adelante. Buscando que la cosecha siempre sea positiva, preferimos decidir basados en un robusto análisis de la situación y en la proyección de sus posibles consecuencias; pero a veces, llevados por un impulso, decidimos basados en las emociones del momento y sin prever efectos posteriores.

Pero la verdad es que en uno u otro caso, cuando llega el futuro, es frecuente que el resultado nos sorprenda, un poco porque el tiempo haya incluido, eliminado o acomodado elementos, y otro poco porque vamos interpretando distinto los eventos y entonces nos afectan diferente (más o menos).

 Desde niños nos enseñan -involuntariamente- a decidir, y acabamos con un proceso de toma de decisiones que nos acompaña toda la vida -o hasta que nos damos cuenta que ya no nos ayuda y lo cambiamos-. Pero nadie nos enseñó a vivir con las consecuencias de nuestras decisiones, a estar mental y emocionalmente preparados para que pase algo mucho mejor, mucho peor, o completamente diferente de lo que previmos.

 Y debieron haberlo hecho, debieron anticiparnos que, a veces, la consecuencia de nuestras decisiones es una caída, y que lo que sigue es levantarnos, no lamentarnos; y que otras veces el resultado son días buenos, a los que no deberíamos esperar que le sigan malos, porque los días solo traen eventos, y la connotación negativa se la ponen nuestras creencias y nuestros miedos.

 Las decisiones de vida están más sujetas a aspectos fuera de nuestro control de lo que están las financieras -si inviertes en la bolsa de valores y cae el mercado, es probable que recuperes -y hasta incrementes- tu inversión si “aguantas” en la bolsa varios años- pero si abandonamos la universidad, o nos divorciamos -o no nos divorciamos- las consecuencias de largo plazo son impredecibles y afectadas por múltiples factores. Ejemplo de esto son Bill Gates y Fausto Alzati, el primero abandonó la universidad, creo Microsoft y es billonario; y al segundo, el no haber concluido los trámites para obtener su doctorado le costó ser separado del cargo de Secretario de Educación Pública en 1995 y recientemente se declaró “dispuesto a trabajar de cualquier cosa” dada su precaria situación económica.

 Cuando planeamos el futuro y tomamos decisiones, nos conseguimos una sensación de control, que aunque frágil, da certeza y nos afirma. Pero sabiendo que nos aderezan la aventura de vivir con consecuencias inesperadas, hay que mantenernos flexibles para sortearlas, como el bambú, que ante el viento fuerte se dobla, pero no se rompe.

Linkedin: Jaime Villagomez

Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla

@jaimev55