Efecto Zeigarni: La adicción a la tercia de dulces

Yo también me extrañe cuando escuche este término por primera vez, y más cuando me dijeron que yo lo padecía —me imaginaba una enfermedad muy extraña que ocasionaba raras mutaciones en mi—, pero resulto ser, nada más y nada menos, que el resultado de mi adicción a Candy Crush.


Aunque al principio me resistía a jugarlo, pero las numerosas invitaciones que me llegaban diariamente por Facebook me hicieron caer en la tentación —solo curiosidad— y me envolvió hasta convertirse en uno de mis pasatiempos favoritos.

Seguro tú debes ser uno de los 50 millones de usuarios que lo juegan diariamente y también te preguntas por qué es tan adictivo Candy Crush.

Un estudio realizado por Tom Stafford, de la Universidad de Sheffield, indica que —por raro que parezca— los que jugamos este juego recordamos con mayor facilidad los retos que nos cuestan más trabajo que aquellos que fueron resueltos con mayor facilidad.

Es decir, al no terminar un nivel, no lo podemos olvidar y pensamos en cómo superarlo, lo que crea una ansiedad que solo pueden aliviarse si volvemos a jugar, y, de no hacerlo, se puede padecer hasta síndrome de abstinencia.

Pero además de esto, existe el fenómeno social que también explica por qué el juego se volvió tan popular y es que seguramente tú también tienes más de 50 amigos en las redes sociales que juegan Candy ya sea por Facebook, Android o iOs, mismos que te pueden ayudar donándote vidas, movimientos extras, trucos y ayudante a desbloquear el siguiente episodio, y nos dan el maravilloso incentivo de ver que los hemos superado en el juego para colocarnos hasta arriba en el ranking. No lo podemos negar: siempre nos da mucha curiosidad el reto que nos espera en el siguiente nivel

Es tal la adicción a Candy Crush que ya muchos se han dado a la tarea de “vender” su experiencia para pasar niveles —si conocen a alguien, estoy estancada en el nivel 230—, ya le hicieron una “hermosa” canción al juego que puedes ver en YouTube, además de generar ganancias por más de 600,000 dólares diariamente.

Así que ya sabes, si alguien te dice que padeces el efecto Zeigarnik, tú solo responde: “Y tú, ¿en qué nivel vas? Porque, como verás, nadie está exento de caer en la tentación de los dulces.