Un mundo nos vigila

Bitácora cero

Vivimos una época de extrema vigilancia y control, nuestras cuentas, bienes, posesiones y hasta proyectos personales están fiscalizados; nuestra vida pública y hasta nuestra ubicación en tiempo real; nuestros gustos; hábitos de consumo; lecturas, costumbres, tendencias y preferencias ideológicas, sexuales, políticas y hasta morales se tamizan en algoritmos que son como una suerte de bolas mágicas que, en conjunto con toda la parafernalia espía, nos convierten en la generación de humanos más vigilados y controlados de la historia. Pero, ¿quién es ese ojo avizor?, ¿qué pretende de nosotros?

Cuando era niño mi abuela me decía: “pórtate bien hijito, diosito te está mirando a toda hora”; así mi conducta era una puesta en escena encaminada a no desatar la cólera de un ser enorme, súper poderoso y muy voyerista; también estaban la vecinas comunicativas que, a la más mínima travesura, llevaban el comunicado a la principal central ejecutiva de vigilancia, o sea: mi progenitora.

La vigilancia, control y contención social, cultural, moral e ideológica ha existido siempre, la información es poder, y si está al servicio del dios moderno que es el consumismo, la información puede valer miles de millones de dólares. Una noche recibí un correo: “De acuerdo a sus preferencias de lectura, le sugerimos los siguientes títulos”, solo uno llamó mi atención: Derecho a la privacidad (UNAM). Pocas cosas en el mundo deben ser tan aburridas como espiar mi vida en la intimidad, así que, después de tapar la camarita de mi lap con un trocito de tela adhesiva, con toda privacidad (...) me dispuse a leer.